La cultura, cual pluma en Forrest Gump, es como una hoja otoñal que cae, mientras que en su recorrido, y llevado por el aire, la gente la piensa hasta que esta, ya cansada de su deambular, se posa a los pies de un niño. Hoja_otroñal_sueloNada permanece, todo cambia. Todo se mueve, todo fluye. Cuando alguien te habla, te crea enlaces neuronales, conecta conceptos y emociones para que nazca algo nuevo. En ese sentido Lorca, en un momento de crisis personal vio pasar antes sus ojos, la hoja que caía del surrealismo. Esta venía ya de bastante atrás, había pasado por el dadaísmo, y se cruzó por la mirada de Bretón, que bajo el influjo de las novedosas y extrañas ideas del psicoanálisis, atrajo hacia sí un movimiento muy activo y convulsivo, sobre todo en la mente de los artistas.

LorcaAsí que esa hoja surrealista, mientras vagaba primero pasó por Dalí, y las circunstancias «quisieron» que este coincidiera en la misma residencia de estudiantes en Madrid con Lorca. Se creó una amistad y un constante flujo de información. Todo contacto humano siempre te deja una huella neural. Así fue como en ese estado agotado en el que se encontraba el poeta -«la poesía lógica me es insoportable», llegó a afirmar-, escribió a la poesía a la que aquí me refiero.

Quiero pensar que «pequeño vals vienés» nació en la mente del poeta, una noche fría, mientras el poeta volvía a su hogar, con la vaga sensación de ser un extraño en un mundo extraño. Esa sensación que no es dolorosa, pero tampoco placentera. Paseo_OtoñalEl estado en el cual lo bueno y lo malo, lo negro y lo blanco, dejan de luchar un rato y se miran a los ojos reconociendo a alguien ya familiar, al que ya no pueden odiar pues forma parte de su destino. Los oscuros ojos del poeta, pitillo en boca, miran la luna que va y viene tras las oscuras nubes, y mientras tanto en su mente, como flotando en ese compás que le marca la luna bailando con las nubes, nace un vals en su corazón.

En Viena hay diez muchachas,
un hombro donde solloza la muerte
y un bosque de palomas disecadas.
Hay un fragmento de la mañana
en el museo de la escarcha.
Hay un salón con mil ventanas.
¡Ay, ay, ay, ay!
Toma este vals con la boca cerrada.

Este vals, este vals, este vals,
de sí, de muerte y de coñac
que moja su cola en el mar.

Te quiero, te quiero, te quiero,
con la butaca y el libro muerto,
por el melancólico pasillo,
en el oscuro desván del lirio,
en nuestra cama de la luna
y en la danza que sueña la tortuga.
¡Ay, ay, ay, ay!
Toma este vals de quebrada cintura.

En Viena hay cuatro espejos
donde juegan tu boca y los ecos.
Hay una muerte para piano
que pinta de azul a los muchachos.
Hay mendigos por los tejados.
Hay frescas guirnaldas de llanto.
¡Ay, ay, ay, ay!
Toma este vals que se muere en mis brazos.

Porque te quiero, te quiero, amor mío,
en el desván donde juegan los niños,
soñando viejas luces de Hungría
por los rumores de la tarde tibia,
viendo ovejas y lirios de nieve
por el silencio oscuro de tu frente.
¡Ay, ay, ay, ay!
Toma este vals del «Te quiero siempre».

En Viena bailaré contigo
con un disfraz que tenga
cabeza de río.
¡Mira qué orilla tengo de jacintos!
Dejaré mi boca entre tus piernas,
mi alma en fotografías y azucenas,
y en las ondas oscuras de tu andar
quiero, amor mío, amor mío, dejar,
violín y sepulcro, las cintas del vals.

Pero la hoja sigue cayendo. En otro mundo, en otra cultura, en un tiempo más reciente, ya muerto el poeta granadino, un poeta de base existencialista también vaga en alguna noche solitaria. Ante su mirada han pasado miles de hojas que le han dicho miles de cosas y en ninguna realmente ha creído. Smoke_by_rovokopDe la literatura existencialista aprendió que las emociones se sustancializan y se vuelven reales, pero blandas, etéreas y viscosas. Todo su cerebro es un compás de notas que tratan de dar forma a todas esas esencias. En el fondo, el pentagrama sostiene la esencia neblinosa humana -la insoportable levedad del ser, como dijera otro creador-, para darle forma, para darle sostén.fotomanipulaciones-humo-10 La música es, quizás, nuestro lenguaje más íntimo, sus letras nuestras emociones. Por eso quiero pensar que cuando se encontró la poesía de Lorca la hizo suya incorporándola esos toques existencialistas que le son tan propios y como si el poeta nunca hubiera existido…, como si siempre le hubiera pertenecido. De este encuentro nació «Take this waltz» en Leonard Cohen, donde el cantautor es la luna y las voces femeninas las nubes, con las que se enrreda y baila.

http://www.dailymotion.com/video/x3cqtoy_leonard-cohen-take-this-waltz_music

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