Cambiar es una tarea consciente que requiere tiempo y fuerza de voluntad. Como lo manifiesta el dicho «nadie cambia por otra persona». Por más que una persona ame a otra no logrará cambiar, a menos que una necesidad se produzca en su interior.

Nuestra personalidad se va formando luego de nuestro nacimiento.

Asumimos hábitos, actitudes, motivos, entre otras cosas, que nos permiten adaptarnos y sobrevivir en el medio, por esto, nadie más que el propio individuo está en la facultad de «crear» nuevas pautas de comportamiento en su vida.

La transformación proviene del interior

El cambio es algo provocado desde el interior, y suele tener lugar a raíz de algún evento significativo. Las personas aprenden como consecuencia de sus errores o situaciones difíciles. Este cambio, ya sea negativo o positivo, suele ser inesperado y permanente.

Cambiar es un proceso

La metamorfosis no es una labor sencilla, requiere tiempo, mucho tiempo.

Cambiar de conducta no es como cambiar de vestimenta, se trata de renunciar a pensamientos y creencias para adoptar nuevas posturas. Los resultados significativos y duraderos no ocurren de la noche a la mañana.

 Se necesita una acción voluntaria

Hace falta voluntad, es decir, necesitamos de toda nuestra intención y entera disposición consciente para que ocurra la metamorfosis.

El sentirnos forzados por segundos o terceros no conseguirá ningún efecto positivo, por lo menos no a largo plazo.

La confianza es importante

Otro elemento necesario es la confianza en uno mismo. Hace falta vencer el pesimismo y  aprender de las malas experiencias.  Las personas con autoconfianza no temen autoevaluarse.

Quien tiene confianza en si mismo asume el control de su vida y están en capacidad de cambiar.

Así que, no le digas a una persona que debe cambiar, no servirá de nada. Mas bien, con ayuda y respeto, ayúdale a identificar cómo le afecta su conducta y acompáñalo en su transformación.

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