Los cuentos de amor modernos -amores imposibles- se escriben sobre las paredes. A veces en los muros de Facebook  y otras en las calles de la ciudad. Mucho se ha hablado sobre la legitimidad, conveniencia y limpieza de hacer pintadas y grafitis, pero de lo que no hay duda es de que se ha convertido en un nuevo lenguaje y comunicación entre el artista y el público en general. También se habla de la muerte de las galerías de Arte: tan vetustas, inamovibles y yermas de un lenguaje que el público en general ya no puede entender.

Linda, Take mi Hand
Linda, Take mi Hand

Hoy en día el Arte (con mayúscula) está bajo sospecha, mediatizado por un elitismo ilegítimo y caduco que ya no cabalga cómodamente en un mundo mediado por la democracia y la igualdad. Todo aquel que trace líneas en una servilleta, mientras hace tiempo a la espera de su ser amado o de aquel amigo, es potencialmente un ente creativo, una mente que tiene necesidad de expresarse sin palabras. Así, con esta premisa, empieza uno de nuestros actuales cuentos de amor.

 Corría el verano de 2003 en el barrio berlinés de Friedrichshain se empezaron a llenar de unos carteles en los que aparecía el rostro somnoliento, cabizbajo y triste de un adolescente con frases como: «Please, someone (Linda) take mi hand» (Por favor que alguien ‘Linda’ tome mi mano). La cosa se hubiera quedado ahí, una entre otra de los millones de historias con las que se llenan los muros violados de las calles, de no ser por su insistencia y por inundar paredes y más paredes con una y mil retóricas en las que el victimizado joven quería exponer su dolor, a la vez que reclamaba la vuelta de su anónima amada.

 Una pregunta empezó a fluir, cual aroma intenso, fragante y profundo, inundando las mentes de los berlineses: «¿Quién es Linda?», los ciudadanos alemanes no se preguntaban ni sobre el artista -bien conocidos por una gran mayoría-, ni el por qué, ni el cómo. Los insistentes mensajes eran como dardos que apuntaban a una diana, y todas las miradas se iban hacia esta, hacia Linda.

Linda por todo los lados.
Linda por todo los lados.

 Un artista es aquel que hace remover «algo» en «alguien». Todo arte pretende «tocar» al otro, embaucarlo, seducirlo. Estaba claro que Roland Brueckner, el artista somnoliento y de corazón roto, estaba logrando abrirse paso entre los músculos y los huesos de los pechos de los berlineses para tocarles el corazón. Alguien, un anónimo, cual niño en el cuento del «traje del emperador», quiso ser la voz de todos los ciudadanos cuando en un periódico publicó: «Él te ama, Linda», con la intención de empujar a esta a los brazos de Roland. Como única respuesta -en las hondas y en el fluir de los mensajes que iban y venían cual marea llevadas por el latir de la luna loca berlinés-, un radio-oyente replico: «Él es un canalla. No vuelvas».

Serie Linda, Juntas

 El final del cuento -el desenlace- de ese amor quimérico que volvía a uno y otro amante, ora en canalla, ora en víctima, ora en un personaje shakespeariano de amor eterno por imposible, fue que finalmente Roland Brueckner confesó que Linda no existía, que no fue más que la pantomima, pirueta o cabriola propia en las que se ve embargado todo artista, como vociferador de todos los corazones rotos aislados en un rincón oscuro de sus casas, y que no se pueden comunicar y nunca serán escuchados. De nuevo, en un suma y sigue sin tregua, eso no hizo más que dar fama a todo este cuento moderno, que se filtraba subversivamente en todas las conversaciones y en la noticias en general.

 La vuelta de tuerca, a modo de final hollywoodiense, fue el éxito de la serie «¿Quién es linda?», de la cual se hicieron varias exposiciones y de la que se publicaron varios libros.

En la mente de muchos, en toda mente humana atormentada por un amor imposible, Linda existe. Ella está conmovida; acomodada en un amor fácil, frío y rutinario, pensando eternamente en las somnolientas y tristes caras de su amado, reclamándola…

Linda is an angel
Linda is an angel

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